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Rompiendo Mitos: ¿De verdad el Cuerpo Pide Azúcar? – Ignifits

Los culpables de que nuestro cuerpo nos pida azúcar son las neuronas y la sociedad actual. Pero la verdad es que no necesitamos azúcar para obtener energía, existen otra fuente mucho más saludable

Seguramente en algún momento habrás escuchado la frase que dice: ¿Todo está en la mente? Pues ciertamente es verdad, el gran culpable de que nuestro cuerpo nos pida azúcar constantemente es el cerebro. La historia comienza cuando las neuronas, a través de la sinapsis se comunican unas con otras, a ese paso de información se le conoce como neurotransmisor. Estos últimos son sustancias químicas que se liberan al organismo en respuesta a un estímulo. Existen más de cien tipos de neurotransmisores, sin embargo, nos interesan únicamente las cómplices que generan esa necesidad constante de consumir alimentos dulces. ¡Pero espera un momento! La verdad es que nuestro cuerpo no pide exactamente azúcar, ese es un mito que la sociedad ha creído por mucho tiempo.
 

LA DOPAMINA Y LA SEROTONINA

 
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La dopamina realiza distintas funciones en el cerebro: influye en el comportamiento, en la motivación por medio de la recompensa, en el sueño, en el humor, en la atención y en el aprendizaje. Así como el experimento de Ivan Pavlov con sus canes, donde la campana era la motivación que activaba la salivación porque su cuerpo la asociaba con comida, en nuestro caso, nos hemos acostumbrado a que los alimentos que contienen azúcar son la motivación que el cuerpo sabe le traerá placer. Es precisamente la dopamina la sustancia química asociada con el placer, al igual que los perros, nuestro cerebro ya aprendió que al consumirla nos conducirá a un estado de bienestar y por eso sentimos la necesidad de consumir alimentos que la contengan.

Por otro lado, la serotonina es la encargada de equilibrar nuestro estado de ánimo, por ello se le conoce como la sustancia de la felicidad. También influye en la digestión así como en el apetito sexual; es además la responsable de realizar una correcta coagulación cuando el cuerpo presenta una herida. Se le asocia también a la depresión si se tiene un déficit de ella.

Distintas investigaciones apuntan que la preferencia por sabores dulces se remonta a tiempos muy antiguos, debido a la necesidad que tenían los seres humanos de consumir calorías para poder sobrevivir en un ambiente que demandaba el consumo de mucha energía. Sin embargo en la actualidad, se sabe que esto dejó de ser cierto además de una opción poco saludable, pues David Pelmutter en su libro “Cerebro de Pan” nos indica que Las grasas (y no los carbohidratos) son el combustible preferido por el metabolismo humano y lo ha sido a lo largo de la evolución de la especie.”
 

LA SOCIEDAD COMO FACTOR CLAVE

 
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Hoy en día el azúcar es considerado una sustancia que produce adicción, mientras más se consume el organismo pide más, sin embargo nuestro cuerpo (y nuestros hábitos) no son los únicos culpables de esta necesidad. Un factor importante y muy influyente en la actualidad es la publicidad a la que estamos sometidos a diario, se asocia el dulce (sobre todo las bebidas gaseosas y el chocolate, este último es el más utilizado en momentos de depresión y tristeza, ¿quién no se ha comido una barra de chocolate “para sentirse mejor”?) con estados de placer cada vez que las degustamos. Así mismo en fechas importantes o eventos (como cumpleaños, bodas, navidades o graduaciones) se tiene la costumbre de ofrecer postres y alimentos con alto contenido de azúcar. Ese constante bombardeo de información almacena de forma inconsciente en nuestro cerebro que para sentirnos bien y socializar alegremente es necesario tener presente alimentos ricos en azúcares (nuevamente volvemos al experimento de Pavlov y el condicionamiento de la conducta a través de estímulos y recompensas).
 

EL CUERPO NO PIDE AZÚCAR

 
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Si bien el cuerpo necesita combustible el cual conseguimos a través de los alimentos, la glucosa proveniente de los carbohidratos de alimentos procesados, son una fuente poco saludable (Un ejemplo son los dulces, los panes, la pasta). Estos son absorbidos rápidamente por el organismo pero terminan causando adicción, en cambio la grasa es un combustible de absorción lenta pero mucho más sano. ¿Qué sucede con el azúcar de mesa y productos que la contienen? Pues cuando se consume azúcar procesada en exceso, comienzan las enfermedades cardiovasculares, las caries y la obesidad. Por supuesto tenemos que recordar que no existe un solo factor que influye de manera negativa en el organismo, la alimentación está compuesta de muchos elementos y cantidades que manejadas de forma inadecuada, pueden desencadenar distintas enfermedades.

¿Cómo absorbe el organismo la glucosa presente en los alimentos? Esto se lleva a cabo durante el proceso de la digestión. Cuando comemos nuestro organismo descompone los nutrientes de lo alimentos, extrayendo entre otras sustancias la glucosa; el hígado es el órgano encargado de almacenarla y liberarla en la sangre cuando el cuerpo necesita energía.

Para que la glucosa pueda ingresar a las células que requieren energía, el páncreas comienza a secretar insulina. Si existen cantidades elevadas de glucosa en nuestro cuerpo, el páncreas se ve forzado a segregar mayores cantidades de insulina, al no poder satisfacer la demanda, se comienza a almacenar la glucosa en forma de grasa, con lo cual se desarrollan enfermedades como la diabetes.

Es por esta razón que el azúcar (sobre todo la refinada) resulta perjudicial para nuestra salud, pues el hígado no se encuentra preparado para procesar grandes cantidades de glucosa. Si hacemos una comparación sencilla, una vaso mediano de arándanos puede contener unas 30 calorías, mientras que una bebida gaseosa puede llegar a contener 80 calorías. Si a esto le sumamos las calorías de otros alimentos, entonces es mucho que procesar en solo un día.

Es interesante el doble mensaje de la sociedad moderna donde por un lado se “sataniza” el consumo de azúcar, pero por el otro muestran constantemente campañas sutiles donde asocian alimentos dulces con estados de placer y felicidad. Por supuesto el tiempo y la repetición de esos mensajes condicionan nuestra conducta al momento de elegir los alimentos de nuestra dieta diaria. Lo mismo sucede con las grasas pero de forma contraria, dicen que “son malas” cuando de hecho son las grasas saludables la mejor fuente de energía para nuestro cuerpo. No está mal “darse un gusto” de vez en cuando, lo importante es saber moderar las cantidades y mantener siempre una rutina de ejercicio que nos permita quemar la energía y la grasa que ingerimos.

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